La Camargue es un territorio en cambio perpetuo: la naturaleza salvaje trata de aventajar mientras que los hombres traten de hacer este lugar un territorio que hay que vivir.
Tres fuerzas se alteran permanentemente en Camargue: el Ródano, el Mediterràneo y por fin el Hombre.
El resultado es una tierra de excepciòn, fascinante donde se suceden sin tregua los estanques, los pantanos, los arroceros, los pueblos y las playas todo esto bajo el ojo indolente de los toros, caballos blancos y flamencos rosas.